El Poder de Dios para Seguir Construyendo: 3 Pasos para no Dejarte Vencer

Vivimos tiempos en los que mantenerse firme en la fe no es automático: llegan las noticias difíciles, la persecución, la presión financiera, la enfermedad o simplemente el desánimo silencioso de un mal día. En este mensaje, la pastora Jesica Lemus comparte el primer paso de una enseñanza que continuará en próximas semanas: El poder de Dios para seguir construyendo, basada en 2 Crónicas 32, el relato del rey Ezequías frente a la amenaza del ejército asirio.

El poder de Dios para seguir construyendo - Pastora Jesica Lemus

El contexto bíblico: Ezequías frente a la amenaza de Senaquerib

El mensaje parte de 2 Crónicas 32:1, donde el rey Senaquerib de Asiria invade Judá con la intención de conquistar sus ciudades fortificadas. Frente a esa amenaza, el rey Ezequías no se queda paralizado: toma consejo con sus príncipes y hombres valientes, y juntos deciden cegar las fuentes de agua fuera de la ciudad para no dar ventaja al enemigo.

De ahí surge la primera gran verdad de esta enseñanza: lo primero que hace el enemigo, contigo y conmigo, es amenazarte. Y esa amenaza casi nunca llega de la nada: llega a través de una situación, una noticia o una circunstancia que busca instalar el desánimo en tu corazón.

Tres pasos para seguir en pie

La enseñanza se estructura en tres pasos —de los cuales este mensaje desarrolla el primero, dejando los otros dos para continuar en próximas semanas—:

  1. No dejes que el desánimo controle tus emociones.
  2. Entender que Dios pelea nuestras batallas.
  3. Buscar una palabra que nos edifique.

Paso 1: No dejes que el desánimo controle tus emociones

El desánimo, tal como se explicó, opera a través de una circunstancia sobre nuestras emociones. Cuando esas emociones están desequilibradas, el enemigo encuentra la puerta abierta. Algunas de las situaciones que más suelen abrirla son:

  • Las finanzas. Los problemas económicos generan fricción en el matrimonio, roces y tensión que, si no se controlan, terminan abriendo paso al desánimo.
  • La enfermedad. El temor a enfermar, a no poder cuidar de los hijos o de la familia, es una de las puertas más comunes por las que entra la ansiedad.
  • El miedo al futuro. La incertidumbre sobre "qué va a pasar" alimenta pensamientos fatalistas que nos llevan a imaginar siempre el peor escenario.

Frente a esto, la enseñanza invita a un cambio de enfoque muy concreto, basado en Filipenses 4:8: pensar en todo lo bueno, lo puro, lo honesto —en lugar de anticipar lo peor—. También subraya la importancia de rodearte de gente con visión: personas que te inviten a orar y a ayunar, no a alimentar el desánimo con conversaciones que no edifican.

Este mismo principio de sostenerse en Dios en medio de la adversidad, sin dejar que las circunstancias dicten el ánimo, es algo que ya hemos compartido antes: la fuerza para seguir en pie viene de Dios, no de nuestras propias capacidades.

"Cobren ánimo y ármense de valor"

El pasaje central de esta primera parte es 2 Crónicas 32:7, en la versión NBI: "Cobren ánimo y ármense de valor. No se asusten ni se acobarden ante el rey de Asiria y su numeroso ejército, porque nosotros contamos con alguien más poderoso que él."

La enseñanza conecta esta promesa con Colosenses 2:15, que declara que Cristo, en la cruz, despojó a los principados y las potestades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos. Es decir: lo que hoy te angustia, cuando se lo entregas a Dios, Él lo expone y lo vence, tal como ya lo hizo en la cruz.

Si alguna vez has sentido que el desánimo te quiere hacer bajar los brazos, este es un buen momento para recordar que no tienes que quedarte caído: hay un Dios poderoso que respalda a quien decide levantarse.

Un testimonio personal: cuando el desánimo tocó a la puerta

Para ilustrar este primer paso, la pastora Jesica compartió un testimonio muy personal: una época en la que, en lugar de preparar su mensaje durante la madrugada como solía hacerlo, pasaba las noches intercediendo y orando por su hija, sin poder comunicarse con ella durante horas. Aun sin tener respuestas, sin ánimo y a punto de pedirle a otro pastor que predicara ese día, decidió sostenerse en una convicción: "Señor, no sé qué está pasando, pero tú tienes el control."

El desenlace de esa historia —la restitución de su hija y la victoria de ver cómo Dios trabajó incluso en el silencio— es un recordatorio de que el desánimo puede tocar la puerta de cualquiera, incluidos los que predican, pero que no tiene por qué controlar tus emociones ni detener tu propósito.

Lo que viene: Dios pelea nuestras batallas

La enseñanza deja planteados, para continuar en próximos mensajes, los pasos 2 y 3: entender que es Dios quien pelea nuestras batallas, y aprender a buscar una palabra que nos edifique en lugar de conversaciones que solo alimentan el desánimo. Dos ideas que conectan directamente con la certeza de que, aun en los tiempos malos de los que habla Efesios 5:14, hay una forma de mantenerse firme.

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Conclusión

El primer paso para seguir construyendo, sea lo que sea que estés enfrentando —finanzas, salud, miedo al futuro o simplemente un mal día— es no dejar que el desánimo tome el control de tus emociones. Cobra ánimo, ármate de valor, y recuerda que quien te respalda ya venció en la cruz.


¿Quieres seguir profundizando? Te invitamos a leer también nuestra enseñanza sobre el poder de Dios para seguir adelante y sobre la fe que necesitamos para enfrentar los momentos difíciles.

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